Dos cosas motivan esta entrada en mi blog. Lo primero es que, para aquellos que somos cristianos y en particular, católicos, tenemos una especie de itinerario Bíblico en donde día a día se nos propone una lectura extraída de la Sagrada Escritura. Le llamamos “Evangelio del día”. 

El de hoy domingo 26 de Agosto en particular (Juan 6, 60-69) relata un pasaje cuando Jesús había tenido una especie de “pataleta” y luego de una serie de discursos muy complicados de entender para los judíos de la época (el discurso del Pan de Vida), la gran multitud que lo seguía, se molesta y Jesús los echa. Luego se vuelve hacia sus discípulos y aun medio enojado y viendo que los suyos murmuraban así como “uf, creo que se le pasó la mano al maestro”; los increpa y les pregunta si también se quieren ir con todos los demás.

Pedro, un capo metiendo las patas, en esta ocasión hace gala de su docilidad espiritual y se saca una frase de esas que 20 siglos después imprimimos en camisetas: “¿Señor a quién iremos?, tú tienes palabras de vida eterna”. Me interpelan las palabras de Pedro, pues muchas veces en mi vida, frente a la incomodidad de vivir como Jesús nos pide y cuando me dan ganas de mandarme a cambiar y dejar todo; me digo a mi mismo las palabra de Pedro. ¿Dónde más podría ir?.

Lo segundo que motiva el post de hoy es el complemento de ese mismo pasaje bíblico. Una canción del P. Cristobal Fones sj; quien tituló una de sus canciones así mismo “¿Señor a quién iremos?”. De aquí, aunque toda la letra me ha nublado la vista más de una vez, hay una frase en particular que me conmueve:

“¿Quién como tú confía en la mecha que humea en nuestro interior?”

Creo que la metáfora se hace evidente y por lo tanto innecesario describir qué frecuentemente no me siento (y objetivamente no lo soy) muy candoroso en cuanto a mi vida espiritual; soy constantemente una mecha humeante más que una fogata ardiente. Aún así, en esa tibieza que no ofrece garantías, siento que el Señor deposita su confianza, me vuelve a elegir y apuesta a diario por mi.

Pero decir que no tengo dónde más ir, no describe una situación obligada o un único escape; es una elección, yo decido no tener dónde más ir, pues reconozco en mi interior, que no hay un mejor lugar, no hay una mejor decisión y no habrá nadie que confíe en mi humeante y poco estable vida espiritual como lo hace Jesús.

Seguro estas cosas solo hacen sentido a aquellos con “sensibilidad espiritual”. Si eres uno de esos, imagino que vas a coincidir conmigo en estas breves ideas que comento. Si no lo eres, entonces la invitación es sencilla, hazte la pregunta ¿Qué cosa en tu vida es inmutable, es tan importante y buena, que no hay un mejor lugar que ese en donde pudieras estar?.

Mi lugar, es junto a Jesús. ¿Cuál es el tuyo?


SI TE GUSTA LO QUE HAGO,
QUIZÁS PUEDA COLABORAR EN TU PROYECTO.
¿HABLAMOS?

Ayúdame a seguir creando contenidos

Mantener este blog y los demás contenidos que publico, es un servicio que hago con mucha alegría y de forma desinteresada. Pero Hosting, dominio y otros servicios tienen costo económico. No todo es gratis en internet, al menos no las cosas profesionales y de calidad.

No me gusta esta parte, pero la gran mayoría del tiempo, los asuntos económicos son el principal impedimento para seguir haciendo estas cosas, que sinceramente creo que aportan valor y son de mucho provecho para quienes las leen y comparten. Es por eso que me animo a poner este “Botón de donación”, esperando a que, en la medida de tus posibilidades puedas ayudarme a sostener este y otros proyectos.

De antemano muchas gracias.

Comentarios

Comentarios

Shares
Share This