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Las decisiones y la forma en que las tomamos es uno de los temas que más me apasiona en la vida y siento que es sobre lo que menos se nos enseña en todo nuestro proceso educativo. Al menos yo, no tengo la más mínima idea de cómo tomar una buena decisión y cada media hora meto las patas.

Nuestro cerebro es el mismo que el de un hombre que pisó la tierra hace 5.000, 50.000 o 100.000 años atrás. Somos el mismo homo sapiens sapiens, con el mismo cerebro y capacidad “biológica” para resolver problemas y tomar decisiones. El mismo cerebro adaptado para cazar mamuts, hacer fuego, reproducirse, escapar de un predador y recolectar raíces; y nosotros hoy usamos ese cerebro para elegir una carrera universitaria, escoger un tipo de pan integral bajo en sodio, sacar adelante un emprendimiento, elegir dónde invertir nuestro dinero y cómo manejar nuestros fondos de pensión.

Las decisiones son ese 10% de cosas sobre las que tenemos el control (esa estadística me la inventé yo, no existe en ningún lado, pero me suena fantástico). Es nuestro pequeño espacio de libertad. Sobre todo lo demás no tenemos control. No decides sobre el país en que naciste, tu color de piel, tu salud e incluso tu condición financiera y socioeconómica, pues la correlación que existe entre padres pobres e hijos pobres es altísima; es decir, si naciste en un familia con pocos recursos económicos, es muy probable que sigas siendo una persona que tenga que luchar para llegar a fin de mes (como yo).

Entonces es paradójico que ese pedacito chiquito que controlamos más encima lo administramos mal y tomamos decisiones terribles y sin método (como yo).

No es que yo sepa de este tema, sino que estoy estudiándolo porque me cansé de fregarla y además de incorporar el aspecto espiritual en mi vida, que siempre ha estado presente, ahora estoy por agregar otros elementos más metodológicos  que me ayuden a disminuir el margen de error.

De forma muy superficial, te quiero compartir un resumen de lo que he leído y aprendido estos días, y que me ha parecido que más ha impactado mis decisiones (para mal), a ver si logro prevenirte y ahorrarte el mal rato y la mala decisión.

 

Anchoring o anclaje - El primer dato que recibes distorsiona todo

La primera información que recibes sobre un tema se convierte en una referencia para cualquier otra idea posterior que tengas sobre ese mismo tema, sin ningún razón lógica.

Si te pregunto ¿Cuántos km de distancia hay entre Argentina y Colombia? probablemente con la mirada perdida en el techo pienses un rato y no sepas qué decirme. Si me dices 10km o 10.000km podría estar bien. En cambio si te pregunto ¿La distancia entre Argentina y Colombia es más o menos que 1.200km?, es poco probable que me digas 100km o 100.000km. Es más esperado que me des un número cercano a esos 1.200km porque lo que acabo de hacer es poner un ancla.

Eso nos pasa siempre, cuando vendemos algo pero decimos  que el precio es “conversable” porque lo que queremos es que nos paguen más menos ese precio y no otro, o cuando proponemos una hora de reunión, cuando pensamos en qué lugar ir de vacaciones. Las anclas nos dan referencias que no siempre son lógicas y esto podría afectar la toma de una buena decisión y yo tengo la vida llena de anclas. Donde mires tengo un ancla.
(Fuente: Facile Things)

 

Sesgo de confirmación - Buscar razones para seguir equivocado

Es cuando buscamos información que confirme las ideas que ya tenemos preconcebidas para validarlas y seguir con ellas. Básicamente es como cuando yo, frente a un cuadro de baja autoestima, me acerco a mi mamá a preguntarle si soy el hombre más bello e inteligente en el mundo. Obvio, mi mamá me dice que lo soy, confirmo mi tesis y obtengo las respuestas que quiero aunque no existan razones objetivas para creer eso.

Hacemos eso cuando buscamos reviews de los objetos que queremos comprar para convencernos lo buenos y baratos que son, cuando googleamos fotos de nuestro próximo destino de vacaciones o cuando Donald Trump tiene la cara dura de afirmar que el calentamiento global es mentira y tiene evidencias sobre eso. Solo estamos buscando razones para confirmar algo que ya teníamos resuelto desde antes.

Decidir sin este sesgo de confirmación, sería  abrirnos a la posibilidad de que lo que pensamos está mal y que es buena idea considerar otros elementos y cambiar de decisión o bien confirmar lo que queremos pero con datos objetivos y no manipulados. Cosa que obviamente nunca hago y me va pésimo porque soy un tozudo y me encanta tener la razón y luego quejarme en este blog por meter las patas en todo.
(Fuente: Psicoactiva)

 

Falacia del Status Quo - Dejemos todo como está aunque esté mal

Es creer que el estado actual es el óptimo, por lo tanto debo estar haciendo todo bien, soy excepcionalmente bueno, todo el mundo debería imitarme y cualquier cambio echará todo a perder.

Como cuando escuchamos que alguien dice:
No me gusta llegar tarde al trabajo, pero todos los días me preparo un jugo natural de manzana y eso toma tiempo.”

Entonces tu le dices que se levante más temprano, que compre jugo en botella, que haga el jugo la noche anterior, que tome jugo en polvo o por último que por un día en la vida no se tome el bendito jugo.

Pero el adicto a la manzana insiste en llegar tarde y tomarse su jugo fresco recién hecho porque todas las demás opciones no le parecen correctas y tiene justificaciones para seguir haciendo lo mismo, aun sabiendo que llegará tarde.

Ese típico tozudo (yo) que dice que todo está mal y que nada tiene arreglo pero de todas formas se va a quejar aunque no haga nada para cambiarlo. Ahí es cuando te dan ganas de borrarlo de Facebook y bloquearlo en Whatsapp, pero lo que de verdad tienes que hacer es decirle: estás siendo víctima de la falacia del Status Quo.

Cambiar no está mal. Quizá debamos dejar el jugo de manzana.
(Fuente: En naranja)

 

Falacia del costo hundido (sunk cost fallacy) - Seguir equivocado no le da sentido a la pérdida

La idea inconsciente de que, como ya invertí mucho en esto no vale la pena cambiar nada. Como si seguir equivocándose le diera sentido a la pérdida.

Espero no ser el único que tiene en su closet una prenda de vestir (yo tengo una camisa) que les costó mucho dinero, que han usado una sola vez (yo nunca la he usado) y que les da pena botar o regalar porque salió muy cara, por lo tanto prefieren seguir con eso ahí en su closet.

¿Conocen a alguien que tiene claro que se equivocó de carrera pero como ya lleva varios años estudiando no quiere dejarla? De eso se trata la falacia, en que pensamos que seguir mal encaminados es mejor abandonar, porque ya hemos puesto mucho y no vale la pena perder.

Una compra en muchas cuotas,  un trabajo, teñirnos el pelo o cualquier otra cosa en la que a medio camino, nos damos cuenta que no va pero en la que porfiadamente insistimos porque renunciar parece una derrota, es falacia del costo hundido.

Quizá perder sea la mejor forma de ganar la posibilidad de sí hacer las cosas bien. Pero como yo odio perder, vivo aferrado a cosas que objetivamente no aportan nada pero no las quiero soltar.
(Fuente: Vivir al máximo)

 

La emoción de corto plazo - Todas las malas decisiones vienen de aquí

Así funciona la publicidad, sobre todo la que va por mail o en redes sociales. Te emociona, te ofrece un método fácil y en 3 clicks tienes cargado en tu tarjeta de crédito un masajeador para pies hecho de piedras tibetanas talladas a mano por monjes ciegos que se alimentan con algas marinas. Algo completamente inútil y de lo cual estás arrepentido y avergonzado pero que la emoción te empujó a comprar.

Mismo criterio de decisión que utilizan los borrachos, los delincuentes, los pilotos kamikaze y los que se casan en Las Vegas.

Por eso las decisiones se toman en frío. Nadie en su sano juicio se compra un masajeador para pies.

(Fuente: Sé que lo leí en un blog financiero. Cuando lo vuelva a encontrar colgaré el link.)

El exceso de confianza - El origen de los epic fails

Nadie piensa que se va a equivocar, nadie piensa que predice mal y nadie tiene plan B. Montones de veces me he dicho a mi mismo la expresión “¿Cómo va a ser tanto?”,  y así es como he salido de viaje y el auto se ha averiado a mitad de camino, me he quedado sin plata y sin ningún cajero automático cerca, he llegado tarde al trabajo y una lista enorme de tonteras en las que nunca debí haberme visto expuesto, si no hubiera sido por mi exceso de confianza.

Youtube está lleno de videos llamados “epic fail” en donde encontrarás muchos ejemplos de gente que tomó malas decisiones por su exceso de confianza y hoy en día son parte de un gracioso y doloroso video viral.

(Fuente: Sinceramente no recuerdo donde lo leí así que lo escribí yo no más, pero les prometo que no es un invento. Perdón).


 

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