Hace pocos días comencé mis estudios de post grado. Somos 21 adultos, todos profesionales, todos especializados y con gran experiencia cada cual en su sector; todos trabajando en comunicaciones y acostumbrados a hablar en público, a explicar ideas y representar organizaciones.

Soy sincero; tengo grandes expectativas de este proceso educativo, pero al mismo tiempo, para esta primera jornada tenía un prejuicio que me incomodaba y que se hizo realidad. La idea de tener que pasar nuevamente en mi vida por una incómoda dinámica de presentación.

En el mundo de los negocios, el emprendimiento y la innovación unos de los conceptos usados es Networking y hace referencia a la acción de hacer redes, especialmente de colaboración, ya sea para hacer nuevos negocios, conseguir un nuevo empleo o simplemente darte a conocer en nuevos ambientes. Hay montones de métodos, estrategias y dinámicas de networking, algunas más efectivas que otras, lo básico es intercambiar tarjetas de presentación, lo más avanzado sería referirlos a tu perfil de Linkedin o tu sitio web personal (si es que lo tienes), intercambiar mails o números de WhatsApp. Lo claro que es que se busca una forma adulta, seria y profesional de conocer a otros y hacer redes.

Eso no ocurrió. No fue networking ni nada por el estilo. Más bien fue como esperaba que fuese. Una presentación larga, deforme y poco provechosa, igual a las que nos tocaba hacer cuando niños cada vez que ingresábamos a un nuevo año escolar. La diferencia no estamos en la escuela y no somos niños.

Les explico mis aprensiones a ver si coincidimos.

 

Nadie se acordó del nombre de nadie


Luego habernos presentado en clase, tuvimos unos minutos de coffee break,  un vasito de jugo, galletas, unos sanguchitos y una taza de café acompañaban la tímida primera conversación entre compañeros. Lo esperado, grupos de hombres y grupos de mujeres; hombres con hombres, mujeres con mujeres. No sé porque cuesta tanto romper esa barrera. Los temas de conversación más bien domésticos. Que las noticias, que alguna anécdota o comentar alguna idea llamativa que nos haya comentado el profe durante la clase.

En todo momento y con cada persona que hablé durante ese momento de break me dijeron: “Disculpa flaco, ¿Cuál es tu nombre?”  a lo que yo tímidamente y un poco ruborizado (siempre me pongo rojo cuando tengo que presentarme) respondí: “Sebastián, ¿y tú?”.

Nada mal en esta primera precaria presentación con café en mano, excepto que queda en evidencia que nadie se aprendió el nombre de nadie durante la famosa “dinámica de presentación” y tuvimos la necesidad de volver a presentarnos durante el coffee break

 

Es que estábamos pensando en otra cosa

Mi experiencia sin excepción durante estas dinámicas de presentación es que no pongo atención a nadie al 100% cuando hacen sus presentaciones sobre quienes son y qué hacen. Esto es porque invierto ese tiempo en pensar qué decir para parecer interesante, inteligente y coherente en lugar de aprender el nombre y las características de mis compañeros. No importa como se llame el otro, lo que importa es preparar bien mi improvisado discurso de presentación.

No quiero ser prejuicioso, pero en esta ocasión miré a mi alrededor para anilizar. Todos ponían real cara de interés y con aquellos que se jugaron en un chiste durante su presentación, respondíamos con risas sinceras. Pero algo había en las miradas de casi todos, algo que me indicaba que mientras escuchaban también estaban preparando su propio discurso.

 

Incómodo para todos

Es probable que aquí esté hablando desde mis tripas, mi timidez y mi falta de carácter. No quiero generalizar sobre algo que en una de esas, me ocurre solo a mi, pero como el blog es mío, lo haré. Me parece que a nadie le gustan este tipo de dinámicas de presentación, que ni son tan dinámicas y que finalmente nadie se conoce con nadie.

Yo mismo he dirigido este tipo de actividades cuando un grupo recién se conoce y comienza un proceso juntos. Sin excepción la audiencia responde con murmullos y quejas a regañadientes, dejando entrever la incomodad de tener que hablar en público y tener que “competir” por presentarse bien y dar una buena impresión.

Insisto, en una de esas es solo problema mío, pero me parece que para muchos es súper incómodo. Es decir, además de que la experiencia es poco grata, da pocos resultados. Lo pasamos mal, sudamos un poco, nos exponemos y al final de la ronda no nos acordamos de ningún nombre (o de muy pocos).

 

Somos grandes, ¿Qué tal si pensamos en algo nuevo?

Creo que podemos ir más allá de estas típicas dinámicas de presentación, estas que consisten en hablar y decir mi nombre, mi edad, mi ocupación y las expectativas que tengo sobre cualquier cosa que se me pregunte y luego esperar que todos los integrantes del grupo repitan el interminable discurso.

Ese incómodo, poco provechoso, pero muy necesario momento, pareciera no ser valorado. Repetimos la misma dinámica sin mayor reflexión, investigación e innovación. Ya somos  grandes, somos profesionales. Muchos tenemos experiencias de networking, de reuniones breves pero productivas en donde salimos con los teléfonos cargados de números nuevos, contactos en redes sociales relacionadas con la productividad y el trabajo, y nuevas redes de contactos e influencia. Habiendo vivido estas cosas, ¿No será necesario pensar en algo nuevo?.

Yo te desafío a que tengas en carpeta, siempre a mano una dinámica que permita que un grupo que recién se conforma, pueda conocerse, intercambiar información y obviamente aprender sus nombres; para que cuando llegue el momento en que tengas que dirigir una instancia de ese tipo, no caigas en la tan odiada dinámica de presentación.

Comentarios

Comentarios

Shares
Share This