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Voy a intentar explicarlo en fácil, porque los numerosos papers de psicología, productividad y desarrollo personal que he leído lo explican en difícil (al menos difícil para mi). La gratificación diferida o aplazada es la capacidad (atributo intelectual y volitivo, es decir de la voluntad) de poder postergar una recompensa o logro, para poder obtener una mucho mayor en el futuro. Más concreto aún con un ejemplo; esperar a juntar plata para comprar algo caro y bueno, en lugar de comprar algo barato y malo con la poca plata que tengo ahora.

Esta capacidad aparece descrita en la ciencia como algo directamente relacionado con el éxito en la vida, los logros personales, la buena salud y en general con gente que le va bien porque tiene autocontrol.

Daniel Goleman, el autor de la teoría de las inteligencias múltiples (un súper capo mundial, lean sus libros, lo megahiper recomiendo) y que hizo popular el concepto de inteligencia emocional, refiere a que la gratificación diferida es una cualidad positiva que forma parte de esta inteligencia. Ergo, quien tiene esta capacidad más desarrollada, es más inteligente. Ergo, soy weón.

En mi caso, esa capacidad la tengo rota. No sé esperar, la ansiedad me gana, tengo metas a mediano y largo plazo pero quiero todo ahora ya. Tengo la gratificación diferida hecha mierda. Yo empiezo a comerme los huevitos de pascua el Domingo de Ramos.

 

La ciencia lo explica con un experimento

A finales de los años 60’s, Walter Mischel, un psicólogo Austriaco  profesor de la Universidad de Stanford, realizó el famoso Marshmallow Test, un experimento realizado con niños entre los 4 a 6 años de edad a quienes, estando solos en una habitación, se les ofreció una golosina de su predilección (una galleta Oreo, un malvadisco o un Pretzel) sobre una mesa y se les propuso una de dos opciones: tomar la golosina en ese momento o esperar 15 minutos y así recibir una golosina adicional a la que ya les habían dejado ahí.

En el lugar había cámaras para estudiar las reacciones de los niños. Aquí un video que muestra el experimento. Los resultados arrojaron que solo un tercio de los niños lograron aguantar esos 15 minutos. Yo formo parte de los otros dos tercios y si hubieran hecho el experimento conmigo, me como la golosina, el plato y la mesa.

14 años después del experimento Mischel siguió a los niños y sus observaciones arrojaron lo que era de esperarse. Ese tercio de niños con paciencia eran más competentes en casi todos los aspectos que se midieron, les iba mejor en la vida y su disciplina era una virtud que los había llevado más lejos que los dos tercios glotones e impacientes.

 

Se nos nota en la billetera

Según la ciencia, la gratificación diferida en las finanzas personales se expresa en algo que llaman «postergar las decisiones de compra». Yo hace un tiempo escribí sobre esto (link aquí), unos consejos e ideas simples y que uso de vez en cuando (sobre todo cuando me está costando llegar a fin de mes).

Gente como yo, que no tenemos esta cualidad desarrollada nos pasan dos cosas según la literatura: Aumentamos el consumo y nos endeudamos. No quiero explicar esto con mayor detalle porque me da depresión y seguro entiendes de que se trata porque si te has aguantado el texto hasta esta parte, es porque estas igual de hundido en el lodo que yo. ¡Bienvenido/a!

En general, las personas exitosas económicamente hacen todo lo contrario, lo hacen bien. No se endeudan, no aumentan su consumo, sino que ahorran, organizan bien, buscan nuevas fuentes de ingreso, invierten. Hacen las cosas como dicen los manuales.

 

Se nos nota en la vida personal

No quiero que este blog sea un espacio de autoayuda y consejería personal. Solo me interesa contar mis experiencias (la mayoría donde la cago) y lo que aprendo de ellas, por lo tanto aquí seré superficial.

Ejemplos tenemos miles. Que no bajamos de peso y nos cuesta cuidar nuestra salud alimentación y hábitos. Procesos académicos que dejamos a medio camino, tesis sin terminar, carreras a media, procesos largos que abortamos porque la espera se nos hace eterna. Relaciones personales que fracasan porque las soluciones no aparecen instantáneamente. Ya entendieron la lógica y seguir enumerando cosas me estresa porque las hago todas.

 

No sé como se arregla esto pero tengo algunas nociones

Los estudios indican que quienes son más propensos a experimentar esto son los niños y los hombres. La gente adulta (no como yo) es capaz de postergar su gratificación con tal de recibir algo mayor y las mujeres también. Ellas son un 10% más capaces que nosotros al momento de diferir la gratificación.

Por lo tanto si eres hombre y niño (o inmaduro como yo), estás estadísticamente fregado. Pero aún así la bibliografía propone algunas ideas.

Las emociones son un mal consejero. Es sabido por todo el mundo, pero aún así le hacemos caso. La próxima vez que quieras diferir una gratificación, manda al tacho de la basura lo que sientes y enfócate en lo que piensas. No decidas qué comer cuando tienes hambre, siempre pedirás pizza, nunca una ensalada.

Carpediem al archivador. Sé que es agradable hacer las cosas sin pensar en el futuro, sobre todo cuando se trata de gastos. Aquí la cosa no funciona así. Tienes que pensar en el «yo del futuro» y evitar dejar a ese pobre ser humano con problemas que luego no pueda resolver.

Dale un nombre, ponle una fecha, fíjate metas y objetivos. Intenta tener un norte al cual apuntar. Si haces las cosas con un objetivo claro y grande, quizá la gratificación instantánea que tanto quieren nuestras tripas y nuestra cabeza pueda ser algo que logres mantener a raya con tal de lograr eso que te propusiste.

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