(Basado en hechos reales que me ocurren a diario y más de una vez al día)

Yo: Hola, te estoy llamando porque hace unos días te envié un email…¿Lo recibiste?
El otro: mmm….¿email?… no recuerdo, dame unos segundos, déjame revisar.
Yo: sí, te escribí hace unos días y como no respondiste te estoy llamando.
El otro: Sí, aquí está. Si lo había visto… pero no lo había revisado con calma

Querido amigo, ¿Por qué me das tu dirección de correo electrónico si no lo vas a revisar ni responder a lo que te escribo?.Además de  incómodo, es engorroso tener que llamar o peor aún, visitar a algún colega o compañero para decirle “te envié un email”. Redundante, torpe, poco eficiente. Peor todavia cuando te dicen que las palabras “se las lleva el viento” así que todo tiene que quedar por escrito.

Me imagino que somos varios los que esperamos al menos un mínimo de decencia y una respuesta de “acuso recibo”; pero no, hay algunos descriteriados que frente correos importantes, con mucho texto, archivos adjuntos y muy profesionales , nos arrojan como respuesta un miserable “ok”.

A mi parecer el fenómeno se explica por que son inmigrantes y tienen mal acento. Hay algunos muchachos, jóvenes, incluso más jóvenes que los millennials que podemos llamarlos nativos digitales. Ellos nacieron con la tecnología en sus manos. Así como aprendieron a caminar, comer y hablar; también aprendieron a usar televisores, computadores, smartphones y todo tipo de aparatos tecnológicos. No es que sean más inteligentes o hábiles, es solo que nacieron en medio de todo esto y fue parte de su alfabetización.

En la vereda del frente, con más años, estaríamos los “inmigrantes digitales”. No somos nativos, somos extranjeros, tenemos mal acento y se nos nota. Torpemente, intentamos hacer parecer que tenemos el control de la situación pero si se nos desconfigura el equipo de TV Cable, la computadora o el smartphone, necesariamente tenemos que recurrir a un espinilludo adolescente para que nos solucione el entuerto.

No quiero pecar de vanidoso, pero me considero un inmigrante digital con buen acento, incluso mejor que los nativos, por eso muchas veces me resulta incómoda la relación digital intergeneracional y quiero presentarles algunas situaciones incómodas a ver si coincidimos.

 

Imprimen los emails

La brecha generacional llega a tal punto, que no solo hay gente que imprime los mails, sino que hay algunos que, viendo el nivel al que ha llegado la estupidez humana colocan en las firmas de sus correos electrónicos mensajes alusivos a “no imprimas este mail, cuida al planeta”. No han comprendido la esencia del “email”, no han comprendido que es correo electrónico….¡Electrónico!

Me ha pasado más de una vez (y no exagero) que descubro a una secretaria imprimiendo los mails del día para el jefe, porque el pobre al parecer está inhabilitado para revisar las cosas desde una pantalla.

Querido amigo, justamente los telegramas y el correo tradicional están casi en desuso porque el mail suple esa necesidad de forma más eficiente. No nos hagas retroceder en el tiempo. No imprimas tus mails.

Mención honrosa a aquellos que imprimen las presentaciones de ppt.

 

Escriben con mayúsculas

Cuando uno aprende una lengua de forma nativa, la mayoría de las reglas y normas se aprenden también casi por instinto. Uno deduce que gritar está mal, que si hablo rápido no se me entiende o que si uso muchas palabrotas mis interlocutores se pueden ofender. En internet esas reglas se llaman “Netiquette” (reglas de etiqueta para internet) y obvio que no habías oído de ellas porque eres nativo, no necesitas aprender cosas obvias.

Los que nacieron inmersos en el continente digital, saben como hablar. Los inmigrantes digitales no. Es por eso que por ejemplo podemos ver GENTE QUE ESCRIBE TODO CON MAYÚSCULAS COMO SI ESO HICIERA QUE SU MENSAJE RESALTE SOBRE LOS DEMÁS y nadie les ha dicho que escribir con mayúsculas es sinónimo de gritar y obviamente es de mal gusto e incomoda a todos.

 

Usan Whatsapp como su muro de Facebook

Ya hablé de esto en un post pasado pero vale la pena la mención, Los inmigrantes digitales comparten videos, frases, poemas, pensamientos, eventos y un sin fin de otros contenidos que seguramente les parecieron muy atractivos y valiosos. Pero no les basta con publicarlos en sus muros de Facebook, sino que ingresan a todos los grupos de Whatsapp que existen y en una loca carrera pasan horas reenviando cuanta cosa llega a sus teléfonos.

Amamos los grupos de WhatsApp familiares, pero qué incómodo es revisarlo a medio día y ver que hay 256 mensajes sin leer y seguro que fue la tía Carlota que publicó un video de un gato y luego el resto de las tías comentó lo divertido que le pareció y más de alguna aportó al diálogo agregando otro video, que pudiera ser de otros tiernos animalitos, bebés o caídas del tipo epic fail. Después se quejan de que tienen la memoria del teléfono llena.

 

Álbumes de cientos de fotos

Quizá por eso no entran tan bien en Instagram. ¿Se han topado en Facebook con álbumes de cientos de fotos?. Esos álbumes sin filtrar ni seleccionar, en donde se publican todas las fotos que fueron tomadas sin discriminar nada.

Primero, seguro que con 4 ó 5 fotos logran el mismo efecto y comunican lo mismo. Segundo es incómodo cuando de verdad quieres encontrar una foto en la que tú apareces pero tienes que navegar por 357 fotografías hasta dar con la tuya. Tercero, al democratizarse la fotografía (hoy en día cualquiera toma y publica fotos) el sentido de lo estético se fue al tacho de la basura.

Tampoco es que las ultra producidas (además de falsas y posadas) fotos de Instagram tampoco lo hagan mejor; pero al menos nos evitan la navegación infinita entre fotos que solo le interesan a quien las tomó. Eso no ayuda a la convivencia social, es más bien algo así como una impertinencia social.

Convivamos juntos

Para los más jóvenes está difícil. Escapan de Facebook para irse a Instagram y seguro en breve huirán a otra parte porque ven la llegada en estampida de inmigrantes digitales que con la mejor intención pero poca comprensión del entorno y del lenguaje, atropellando con publicaciones,  etiquetas y solicitudes de amistad a cuánto perfil se les pasa por delante.

Como cualquier fenómeno de migración, la convivencia no siempre es sencilla. El choque cultural muchas veces termina en discriminación y prejuicios que nos alejan. Así como acogemos a refugiados e inmigrantes de otros países, nos queda acoger a los inmigrantes digitales que con buena intención (pero mala puntería) han venido a poblar un territorio que muchos sentían como propio.

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