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A la gente le gusta decir que es loca, que hace locuras y que tiene alguna especie de trastorno. Que si están contentos y tristes son bipolares, que si tienen pena porque se terminó su serie en Netflix tienen depresión y así se auto diagnostican una y otra vez. Todos lo hacemos y nos encanta. Yo por ejemplo, soy un procastinador. Sé lo que es procastinar hace tiempo. Lo soy desde antes de que estuviera de moda, lo soy desde niño y lo triste, es que lo soy con cosas importantes. Me cuesta avanzar en todo, cerrar procesos, alcanzar mis objetivos. Con decir que incluso me cuesta  ir a buscar un nuevo rollo de papel para el baño cuando se termina. Lo procastino todo. 

Espero no ser el único que se ve enfrentado, ya sea a cosas domésticas como hacer las compras (he pasado hambre de puro flojo) o a situaciones mucho más importantes como terminar la tesis y que lo postergamos, no sabemos como empezar y solo cuando el plazo se nos viene encima, apuramos la marcha y así, algo para lo que teníamos meses de tiempo, lo resolvemos en un par de días (u horas), bajo presión, estresados y con resultados mediocres.

Pero con mucha alegría, vengo a contarles que, echando mano a algunos conceptos e ideas de varios autores, a mi vergüenza y amor propio por fracasar constantemente y a la motivación que da el ser un padre que lucha por ser ejemplar con su hijo, que hace aquello que dice y que no es un “cagón que no le gana a nadie”, es que ordené el asunto y en un corto plazo, encontré la forma organizar mi vida (a grandes rasgos) para hacer lo que dije que iba a hacer. Aquí les voy con el detalle a ver si les sirve a ustedes también.

 

Paso uno: Aplicar la Ley de Parkinson

Fue descrita por el británico Cyril Northcote en 1957 y su definición es corta, pero certeza; directo al corazón: “el trabajo se expande hasta llenar el tiempo disponible para que se termine”. Es decir, alargamos todo innecesariamente. Es una ley y no la inventé yo.

Odio las Cartas Gantt (en general odio la forma en que se organizan las instituciones, soy un poco sociópata en ese sentido) . Esas planillas llenas de fechas, actividades, tareas, acciones y cosas que se extienden por semanas y meses y que hacen que el proyecto más sencillo se convierta en un desafío imposible de lograr y que solo cobra forma un par de semanas antes del plazo de entrega.

Por ejemplo, si tengo 3 semanas para comprarme zapatos para ir a una fiesta, me tomaré todo ese tiempo para realizar esa compra y cotizaré, compararé calidad, precio y modelo de distintos pares, en distintas tiendas, revisaré en internet y así una larga lista de variables y factores que me hagan encontrar el zapato que cubra mis necesidad. En cambio, si tengo que comprarme zapatos para mañana, seguro luego de un par horas, decidiré rápidamente y de igual forma conseguiré un par de zapatos que logren satisfacer mis necesidades.

Mi propuesta: fijar un plazo para todo, es decir poner dead line a cada objetivo importante en mi vida e intentar que esa fecha de vencimiento sea lo más acotada y cercana posible. Ya no existe el “algún día”, “el próximo mes” o “desde el lunes empiezo”.  Si se me ocurre algo, me siento, miro el calendario, lo apunto en mi agenda y el tiempo corre desde hoy.

Altamente recomendado tener un app de agenda en el teléfono que te ayude a organizar tus cosas, que te de alarmas, luces, sonidos, notificaciones y todo lo necesario para mantenerte conectado con tus objetivos.

 

Paso dos: Ponerle un nombre

Ponle nombre, sé concreto. Bajar de peso no es un objetivo medible, bajar 5 kilos sí lo es; terminar la Tesis no es una meta clara, entregarla antes del 6 de Agosto sí; dejar de fumar no es un propósito del todo claro, fumar solo 4 cigarrillos diarios y en dos semanas bajar a 3 y así semana a semana, sí es un propósito claro y completamente lograble. Ponle un nombre concreto a las cosas que quieres hacer, tanto para que tu lo entiendas y puedas explicarlo a los demás, como para saber cuando estas cerca o lejos y saber cuando preocuparte por apurar el tranco.

No me gusta ponerme de ejemplo, pero las historias que mejor conozco son las mías. Me pasó que en Octubre del año pasado, después de operarme de la columna el médico me recomendó nadar como terapia de rehabilitación. Para buena suerte mía, mi horario en piscina coincidía con el equipo de triatlón del club donde iba y me invitaron a entrenar natación junto a ellos. Sí, un recién operado nadando con triatletas, un espectáculo deprimente y chistoso. Al mes ya estaba súper motivado con el tema y con muchas ganas de correr un triatlón.

Tuve las ganas de decirme a mi mismo “algún día correré un triatlón” o “el próximo año me anoto en una carrera”, pero un buen amigo me sentó, abrió una hoja de cálculo y comenzó a calendarizar mis sueños y el requisito fundamental para poner algo en el calendario es que tenga un nombre. Así fue como anoté “Triatlón de Villarrica” y a 3 meses de operarme corrí mi primer triatlón luego de 6 años de no correr ni para los temblores.

¿Qué tal si le pones un nombre concreto a lo que quieres hacer? Dale un nombre a tus sueños, un nombre definido, uno que te permita explicar qué es lo que quieres hacer y cuando.

 

Paso tres: Hazlo público

Soy malo con la motivación intrínseca, es decir, me cuesta moverme por mi mismo. No soy un figurón ni me gusta aparentar; pero si me gusta y me sirve mucho que los demás sepan lo que hago porque me ayuda a mantener el nivel de presión y motivación. Sobre todo el de presión.

Socializar tus proyectos agrega cierto nivel de responsabilidad, presión,  ansiedad y al mismo tiempo te obliga a hacer las cosas con prolijidad. Nadie quiere hacer algo mediocremente mientras están todos mirando.

Yo siempre uso a mi familia como un canal para vaciar mis sueños. Ellos siempre saben en qué ando metido y qué cosas quiero hacer. Obviamente me preocupo de demostrarles qué cosas son importantes y qué cosas no lo son tanto, para que sepan donde meter un poco de presión, demostrar preocupación y por supuesto, apoyar en persona cuando es necesario. Ay de ellos que no me hagan barra cuando estoy luchando por lograr algo.

Si tu familia no te da mucha bola (cosa que a todos nos pasa a veces), las redes sociales pueden ser una buena herramienta (no lo recomiendo mucho, pero sirve), porque permite socializar tus objetivos y que muchas personas puedan darte su apoyo y estar al tanto de tus logro (si es que lo lograste).

 

Paso cuatro: Visualizáte logrando tu objetivo

Imáginate con la medalla al cuello, recibiendo el diploma, caminando hacia el altar, luciendo un ajustado traje de baños o lo que sea que anheles hacer. A mi me gusta soñar despierto, pasarme películas en 3D e imaginar posibles realidades futuras. Me gusta imaginarme alcanzando aquello que sueño, pensar en cómo me voy a sentir, en como me van a mirar los demás, en qué pasará conmigo luego de lograr eso anhelado.

Es una estrategia un poco peligrosa si no la mides bien, pues puede elevar tus expectativas más allá de lo saludable y quizá los resultados no sean tan grandiosos como pensabas; pero si manejas bien tus niveles de ansiedad, soñar despierto te mantiene en foco cuando la falta de motivación, los problemas y las frustraciones tan propias de la vida cotidiana nos abofeteen a mitad de camino. Bofetadas que recibo día por media pero que afectan poco porque soy un soñador.

 

Paso cinco: Papel y lápiz

El último paso es que dejes de leer este desastroso blog y salgas a hacer aquello que dices que quieres hacer. Deja de pensar en eso, deja de postergarlo y comienza a hacerlo. ¡Haz que ocurra!.

Yo creo que la mejor forma de darle forma a las cosas es tomando nota de ellas. A mi me sirven mucho las libretas, siempre empiezo mis ideas en papel, pero sé que el papel es un soporte poco fidedigno, que se mancha, rompe y extravía; por eso, luego de anotar con detalle cada una de las cosas que me propongo hacer, las paso a algún soporte digital que me permitan ir agregando y quitando cosas desde cualquier dispositivo. Les recomiendo dos: Calendar de Google, una agenda digital muy intuitiva, que se sincroniza con todo y funciona fantástico y Wunderlist, una app para organizar las tareas que para mi es la mejor forma de ordenar mi flujo de trabajo cotidiano.

No quiero ofrecerte una lista de ideas de autoayuda barata, no todo es posible, si tienes fe no todas las cosas se pueden lograr, no te puedes chupar un codo, no te saldrán alas, no serás más alto de lo que ya eres. Hay cosas que no cambian. Sé realista, pero que ese realismo no te detenga para ir más allá de donde estás hoy en día.

Y por sobre todo, no te autoayudes, que si fuéramos capaces de lograr todo por nosotros mismos, seríamos todos súper héroes. Pero no lo somos. Busca apoyo, ayuda, amor y comprensión. Leer esto ya es un paso. En mi caso, las herramientas de la fe cristiana son clave cada vez que me encamino en un nuevo proyecto.

A ti ¿Cómo te va logrando tus objetivos?

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