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Les hago un resumen y les ahorro el googleo de las definiciones. En general, los autores de psicología cuando se refieren a la zona de confort hablan de un estado del comportamiento en donde a través de la evasión se busca no tener que enfrentar situaciones de riesgo, miedo, ansiedad y esfuerzo; y en donde mantener la rutina, evitar la experimentación y buscar la mayor cantidad de certezas posibles es la tónica.

Algunos encuentran que eso es negativo, que es mediocre, conformista y rutinario; que le falta condimento y hace que la vida sea aburrida. Yo no sé; la verdad nunca he estado en una zona de confort, la conozco solo de nombre. Para mi siempre todo ha sido incierto, inseguro, lleno de ansiedades, de riesgos inevitables y constantemente abrazando el miedo. Por eso me da un poco de rabia cuando la gente te anima a salir de tu zona de confort. ¡Es que yo no he estado nunca ahí y sinceramente no conozco a nadie que haya estado en ese lugar!

Llevo meses dándole vueltas al asunto porque frente a los problemas de la vida cotidiana y doméstica, la mayoría de las veces las respuestas que encuentro tienen que ver con esto mismo, con esforzarse, con salir y dar el 110%… Es que no han entendido el trabajo que cuesta dar el 100% con todas las cosas que le pasan a uno para que más encima te pidan dar más allá de tus posibilidades. En fin.

Voy a descomponer esto en partes. Será opinología pura y dura. De antemano perdón.

 

Me han hecho sentir culpable

No sé si es la psicología pop, los libros de autoayuda o las frases filosóficas que la gente tanto gusta colocar al pie de sus fotos en Instagram pero ya no quiero sentirme culpable por creer que debo sacar el pie del acelerador.

Espero que concuerdes conmigo, pero me parece sano, natural, necesario y por sobre todo humano tener ganas de bajar la velocidad y la intensidad, incluso de detenerse un rato y poner las cosas en pausa. Pero me han hecho sentir mal, me han hecho sentir que no tengo lo suficiente como hombre, como persona, como profesional, como creyente. Que debo ir más allá de mis posibilidades y que si no lo hago estoy mal.

Perdonen, pero si nos quieren motivar así; peor aún, si quieres motivar a alguien diciéndole que tiene que seguir adelante aun cuando no le quedan pilas, cuando experimenta dolor, cuando vive un sinsentido, me parece que deberías al menos revisar un poco tus ideas.

 

Valorar a las personas en función del logro

Me he pasado horas reescribiendo mi currículum, investigando sobre como presentar mejor mi perfil profesional en Linkedin y así buscando ser valorado, considerado y por ende optar a mejores opciones profesionales y personales en función de lo bueno que soy haciendo las cosas que hago.

Eso está fantástico, pongo todas mis fichas en esa idea; no obstante, cuando salimos de la oficina o del trabajo, seguir con esa misma dinámica no es para nada saludable.

Ya lo decía Víctor Kuppers (ver video de él aquí), un reconocido conferencista español en temas de motivación; yo a mis amistadas no las escojo por currículum, no amo a mis padres por lo buenos profesionales que son o porque tengan 15 años de experiencia en su sector; sino porque son simpáticos, porque me aman, porque se ponen al arco, porque me escuchan, porque nos reímos de las mismas cosas.

Pero cuando te obligan invitan a salir de tu zona de confort y te valoran en función de cuán lejos estás de ella, te obligan invitan a estar constantemente con el agua al cuello, a que si no tienes logros y si no sigues teniéndolos actualmente ya no vales. Es que da lo mismo haber tenido un éxito hace 5 u 8 años atrás. Estás obligado a tener un nuevo logro todas las semanas, sino, es que has perdido el encanto, te caíste de la ola, que venga el próximo.

Peor aún, estás obligado a tener un éxito alguna vez en la vida, porque si no lo haz tenido, entonces ahí si que estás en serios problemas. ¿De verdad les parece saludable vivir con ese nivel de presión respecto al valor de los logros?

 

¿Será cosa del individualismo?

No quiero caer en una reflexión política ni ideológica, pero sin lugar a dudas el que nuestros países abracen ideologías liberales, de competencia y libre mercado traspasa no solo los asuntos económicos, sino que también la forma en la que nos relacionamos como personas.

El chiste del individualismo está repetido y no les quiero caer con la misma cancioncita que ya han oído tantas veces, pero como se nos ha organizado la sociedad en función del logro (no del mérito ni de la dignidad) y nos hemos ubicado en posiciones de competencia en relación a los demás (nuestros colegas, amigos, familiares, parejas, vecinos), lamentablemente estamos obligados a que cuando sentimos que las piernas flaquean, nos obligamos a que no deberían flaquear, que tenemos que seguir pataleando o caeremos en la tan dañina zona de confort.

Todo lo que antes fue bueno como el descanso, el ocio, la creación, la reflexión, la contemplación y en general cultivarse como persona, hoy son cosas del hippismo y de aquellos irresponsables que están dispuestos a ver como la vida se les pasa por delante de los ojos.

Lo que se lleva ahora es trabajar fuera del horario de oficina, mantenerse fuera de la zona de confort y ojalá estar siempre conectado y disponible. Mejor aun si un vuelo no nos obligan a poner modo avión, así podemos seguir conectados y rindiendo a tope.

 

No sé tu vida, pero la mía no es una batalla ni una guerra

Detesto la guerra. La guerra empobrece a los pueblos, destruye sociedades, solo hace daño. No conozco un solo país u organización que luego de ganar una guerra debería sentirse orgullosa de lo logrado y si lo sienten, entonces les faltan palos en el puente. Quien gana algo a costa de la derrota del otro ¿debería enorgullecerse?.

Entonces cuando te dicen que la vida es una guerra, que tienes que salir todos los días a luchar, a dar lo mejor, a sudar sangre, te ponen en una posición agresiva frente a la vida y sus circunstancias. Yo no quiero andar con un cuchillo entre los dientes todos los días de mi vida. Obvio, hay situaciones en las que sí; pero adoptar esa actitud como un hábito, no sé, no me cuadra.

Me pasa con aquellos que sufren una enfermedad, en especial con los que padecen algún tipo de cáncer; sobre todo cuando fallecen y dicen que perdieron la batalla contra la enfermedad. ¿En serio creemos que perdieron? ¿Acaso su esfuerzo no valió de nada y a ellos también los evaluamos en función del logro? Incluso, si alguien que lo padece decidiera rendirse y simplemente vivir su enfermedad con dignidad, resignación y paz ¿No está acaso en su derecho y libertad de hacerlo? ¿Es peor persona por no dar esa lucha?.

Mi vida no es una guerra. No quiero andar peleando con las circunstancias todos los días. Creo que hay momentos en que es mejor rendirse, replegarse, ceder terreno, negociar y sobre todo levantar la bandera blanca y decir «no puedo más, estoy derrotado, perdóname la vida».

Ojalá tu y yo podamos pasar algunos días en la zona de confort esa de la que tanto nos invitan a salir, que podamos disfrutar de tiempos sin miedo, sin ansiedad, con certezas y paz.

Aunque no me pidas consejo te lo doy gratis: Busca tu zona de confort, compra un lindo y cómodo sofá y quédate ahí todo el tiempo que puedas, porque en breve viene la vida a sacarte de ahí sin necesidad de que lo hagas tu o un charlista motivacional.

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